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lunes, 10 de agosto de 2015

El arco y la lira

Ha habido libros que me han dado éxtasis en demasía, y uno de ellos es el escrito por el único Premio Nobel de Literatura para México, el señor Octavio Paz (1990), titulado como "El arco y la lira". El siguiente es el fragmento inicial de la obra, con el que deduje que sería una grandiosa obra, que por supuesto no dió a deber, y que es un placer compartirla a ustedes. Esto es, en palabras de Paz, lo que es la poesía. Un glorioso arte.

Poesía y poema
"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aisla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!"


Eva

"Confabulario" es una de esas obras de cuentos breves sobremanera, en donde en cada uno de ellos el escritor mexicano Juan José Arreola refleja metaforicamente cuestiones meramente cotidianas, a su estilo profundo y objetivo de los emociones humanas que invitan a la reflexión profunda y radical. Les comparto un cuento de la obra mencionada.


Eva

Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente vejada, postergada, reducida a la esclavitud. Él trataba de justificarse por medio de una rápida y fragmentaria alabanza personal, dicha con frases entrecortadas y trémulos ademanes.
En vano buscaba él los textos que podían dar apoyo a sus teorías. La biblioteca, especializada en literatura española de los siglos XVI y XVII, era un dilatado arsenal enemigo, que glosaba el concepto del honor y algunas atrocidades por el estilo.
El joven citaba infatigablemente a J. J. Bachofen, el sabio que todas las mujeres debían leer, porque les ha devuelto la grandeza de su papel en la prehistoria. Si sus libros hubieran estado a mano, él habría puesto a la muchacha ante el cuadro de aquella civilización oscura, regida por la mujer cuando la tierra tenía en todas partes una recóndita humedad de entraña y el hombre trataba de alzarse de ella en palafitos.
Pero a la muchacha todas estas cosas la dejaban fría. Aquel período matriarcal, por desgracia no histórico y apenas comprobable, parecía aumentar su resentimiento. Se escapaba siempre de anaquel en anaquel, subía a veces a las escalerillas y abrumaba al joven bajo una lluvia de denuestos. Afortunadamente, en la derrota, algo acudió en auxilio del joven. Se acordó de pronto de Heinz Wölpe. Su voz adquirió citando a este autor un nuevo y poderoso acento.
«En el principio sólo había un sexo, evidentemente femenino, que se reproducía automáticamente. Un ser mediocre comenzó a surgir en forma esporádica, llevando una vida precaria y estéril frente a la maternidad formidable. Sin embargo, poco a poco fue apropiándose ciertos órganos esenciales. Hubo un momento en que se hizo imprescindible. La mujer se dio cuenta, demasiado tarde, de que le faltaba ya la mitad de sus elementos y tuvo necesidad de buscarlos en el hombre, que fue hombre en virtud de esa separación progresista y de ese regreso accidental a su punto de origen.»
La tesis de Wölpe sedujo a la muchacha. Miró al joven con ternura. «El hombre es un hijo que se ha portado mal con su madre a través de toda la historia», dijo casi con lágrimas en los ojos.
Lo perdonó a él, perdonando a todos los hombres. Su mirada perdió resplandores, bajó los ojos como una madona. Su boca, endurecida antes por el desprecio, se hizo blanda y dulce como un fruto. Él sentía brotar de sus manos y de sus labios caricias mitológicas. Se acercó a Eva temblando y Eva no huyó.
Y allí en la biblioteca, en aquel escenario complicado y negativo, al pie de los volúmenes de conceptuosa literatura, se inició el episodio milenario, a semejanza de la vida en los palafitos.




"Mujer con rosas amarillas" de Michael & Inessa Garmash

sábado, 8 de agosto de 2015

Capítulo 7

No tengo que mucho para agregar sobre Julio Cortázar, ya que no hallo forma o manera de describir su inmenso y grandioso talento. "Rayuela" tiene escrito el siguiente capítulo. Un homenaje a la pasión, al enamoramiento, al amor. Éxtasis.


Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


"El beso" de Théophile Alexander Steilen

viernes, 7 de agosto de 2015

Nada es mío

Admiro al cultísimo y esplendoroso escritor italiano Giovanni Papini (como lo he expresado en la nota "La última visita del caballero enfermo"), famoso por sus obras "Gog" y "El libro negro", en los que relata las historias (¿Verídicas?) de la vida de un multimillonario que ahora yace en un retiro para ancianos. Destaco el vasto vocabulario de Papini, y a su vez su sencillez para redactar sus sentimientos sobre cualquier tema en específico. Les recomiendo los dos títulos que les he mencionado, presentándoles un fragmento que se encuentra en Gog, y que pone en tela de juicio si es que en verdad somos dueños de algo, alguien, e incluso, de nuestra propia existencia.


Nada es mío

Asora, 18 septiembre 

El mayor problema del hombre, como de las naciones, es la independencia. ¿Se puede resolver? Lo que poseo parece ser mío, pero soy poseído siempre por aquello que tengo. La única propiedad incontestable debería ser el Yo, y, sin embargo, aquilatando bien, ¿dónde está el residuo absoluto, aislado, que no depende de nadie? 
Los demás participan, ausentes o presentes, en nuestra vida interior y externa. No hay manera de salvarse. Aun en la soledad perfecta me siento, con espanto, átomo de un monte, célula de una colonia, gota de un mar. En mi espíritu y en mi carne hay la herencia de los muertos; mi pensamiento es deudor de los difuntos y de los vivientes; mi conducta está guiada, aun contra mi voluntad, por seres que no conozco o que desprecio. 
Todo lo que sé lo he aprendido de los demás. Cualquier cosa que adquiera es obra de otros, y ¿qué tiene que ver que la haya pagado? Sin el operario, sin el artesano, sin el artista, estaría más desnudo que Calibán o que Robinsón. Si quiero moverme tengo necesidad de máquinas no fabricadas por mí y guiadas por manos que no son mías. Me veo obligado a hablar una lengua que no he inventado yo mismo; y los que han venido antes me imponen, sin que me dé cuenta, sus gustos, sus sentimientos y sus prejuicios. 
Si desmonto el Yo pedazo por pedazo, encuentro siempre trozos y fragmentos que proceden de fuera; a cada uno podría ponerle una etiqueta de origen. Esto es de mi madre, esto de mi primer amigo, esto de Emerson, esto de Rousseau o de Stirner. Si realizo a fondo el inventario de las apropiaciones, el Yo se me convierte en una forma vacía, en una palabra sin contenido propio. 
Pertenezco a una clase, a un pueblo, a una raza; no consigo nunca evadirme, haga lo que haga, de unos límites que no han sido trazados por mí.
Cada idea es un eco, cada acto un plagio. Puedo arrojar a los hombres de mi presencia, pero una gran parte de ellos seguirá viviendo, invisible, en mi soledad. 
Si tengo criados, debo soportarlos y obedecerles; si tengo amigos, tolerarles y servirles, y los dineros quieren ser guardados, cultivados, protegidos, defendidos. Potencia equivale a esclavitud. Nada en realidad me pertenece. Las pocas alegrías que disfruto las debo a la inspiración y al trabajo de hombres que ya no existen o que nunca he visto. Conozco lo que he recibido, pero ignoro quién me lo ha dado. 
He conseguido reunir algunos miles de millones. No lo habría podido hacer si millones de hombres no hubiesen tenido necesidad de lo que les podía vender, si millones de hombres no hubiesen inventado las fórmulas, las máquinas, las reglas sobre las cuales se funda la vida económica de la tierra. Abandonado a mí mismo, habría sido un salvaje, un comedor de raíces y de perros muertos. ¿Dónde está, pues, el núcleo profundo y autónomo en el que ningún otro participa, que no ha sido generado por ningún otro y que pueda llamar verdaderamente mío? ¿Seré, en realidad, un coágulo de deudas, la esclava molécula de un cuerpo gigantesco? ¿Y la única cosa que creemos verdaderamente nuestra -el Yo- es, tal vez, como todo lo demás, un simple reflejo, una alucinación del orgullo?


"El hombre controlador del Universo" de DIego Rivera (1934)

domingo, 19 de julio de 2015

El amor desenterrado

Durante el transcurso de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2012, estuve presente en una conferencia sobre literatura sudamericana, en la cual se elogió a un escritor ecuatoriano cuyo nombre fue Jorge Enrique Adoum, a quien se le conoce con el apelativo de "El Turco", y del cual se aludía su obra "El amor desenterrado y otros poemas", del cual he encontrado un fragmento del homónimo libro con el que se le brindaba el respectivo homenaje. Una reflexión sobre una particularidad de la vida, una anécdota sobre el amor que se ha presentado en el poblado de Mantua (Los que han leído Romeo y Julieta recordarán ese nombre).


El amor desenterrado

Cuál de los dos murió primero 
callando ante la verdad de los cuerpos que dialogan
en esta antigua tragedia anterior a la tragedia antigua,
porque cómo se hace -avisen, habría que decírselo a todos
para morir juntos sin desclavarse,
interminable hazaña nupcial no repetida
porque desde entonces ya no supimos cómo.
Cuál pudo ver en el otro, espiándole por partes, la agonía,
en qué momento se truncó el arco que describe el deseo
antes de terminar con el vencedor besando agradecido la ingle en despedida
y quedarse así con la pierna detenida para siempre en el viaje a la
entrepierna
(lentitud de quienes adueñándose del gozo se adueñaron del tiempo)
por donde pasa el viento áspero de la península con sus toallas de arena
cada mañana después de cada noche de ese ensayo general de los actos del acto.
(¿O fue un acto inacabado,
palabra que la muerte detuvo en la primera sílaba,
tantas veces repetida por nosotros hasta ahora y tartamuda,
creyendo cada vez que es una muerte pequeñita,
contentos como quienes bailan esas danzas
cuyo origen ritual han olvidado?)
Amaos por favor, seguid amándoos
vorazmente insatisfechos por los siglos de los siglos de los siglos,
no desateis la inicial inmemorial amarra
porque qué nos restaría de esta amorosa e insolente estatua,
ni cómo iríamos a comprobar que álguienes se amaron
si de pronto estos huesos polvo fueran,
deshaciéndose en la tardía sacudida del espasmo
cien siglos después de haber comenzado apenas a tocarse con los dedos los
labios
y nos quedáramos así sin pruebas
de que existió la eternidad un día.

Imagen obtenida de http://blogdegabrielasalazar.blogspot.mx/

sábado, 18 de julio de 2015

Las ocho directrices del entusiasmo, haciendo milagros con los problemas

Norman Vincent Peale (1898-1993), un grandísimo escritor estadounidense y creador de la teoría del pensamiento positivo, nos ha dejado ocho directrices en su obra "Hacia el éxito por el entusiasmo". Ocho pasos que de seguirlos al pie de la letra, producirá cambios relevantes en nuestra vida, así cómo ha sucedido con un el propio autor, en su larga vida exitosa, así como está produciendo frutos en un servidor. Poned atención, y tomarlo en cuenta.


Las ocho directrices del entusiasmo, haciendo milagros con los problemas
Pruebe estas ocho directrices seguras, y compruébelo usted mismo.
1.- No se deje dominar por el pánico. Conserve la calma. Piense con la cabeza. Va a necesitar de todo su ingenio.
2.- No se sienta abrumado por su problema. No lo dramatice en exceso. Dígase con confianza: "Dios y yo podemos manejarlo".
3.- Huya de la confusión. Generalmente la confusión suele envolver a un problema. Tenga, pues, ideas claras. Coja papel y lápiz, y escriba todos los elementos del problema.
4.- No se entretenga con autopsias inútiles. No empiece a decir: ¿Por qué hice esto? ¿Por qué hice aquello? Tome el problema tal cual está ahora.
5.- Busqué una solución, no de todo el problema, sino del siguiente paso. Un paso lleva a otro, y a otro, hasta la solución completa. Conténtese con dar el paso siguiente.
6.- Practique el escuchar de modo positivo.
7.- Pregúntese siempre a sí mismo qué será lo más adecuado en una situación dada. Si no es eso lo que usted hace, entonces lo está haciendo mal. Y lo que está mal, jamás resultó bien. Por tanto, haga lo adecuado y todo irá bien.
8.- Siga rezando. Siga pensando. Siga creyendo. Y conserve el entusiasmo, puesto que obra milagros con los problemas.



Imagen obtenida de: http://conexionpermanente.com/

Homenaje a Germán Dehesa.

Hablar de Germán Dehesa es hablar de una persona simplemente genial. Era  un gran historiador, sabia historia de una manera copiosa como también conversaba de fútbol, tenia gran conocimiento de política y comprendía como pocos la actualidad de la sociedad mexicana.

Sabia de todo un poco, pero ese no era su mayor merito, se le apreciaba por su manera de ser, una actitud que se plasmaba en sus escritos, actividad que realizaba a diario para, por ejemplo, el periódico Reforma. También escribió algunos libros muy interesantes para todo publico.

Hasta el momento parece que estoy hablando de un columnista de periódicos como cualquier otro, pero Germán se distinguía de los demás por un recurso que solo los grandes genios saben explotar en su máxima expresión, la risa. Germán Dehesa te hacia reír, solo con un pequeño comentario, en muchas ocasiones irónico, era un humor que te hacia pensar y reflexionar, pero esencialmente te hacia pasar un buen rato. Si leías por la mañana su columna diaria en el periódico, iniciabas el día con una gran sonrisa.

Cabe mencionar que esta habilidad no se consigue de un momento a otro, es todo un proceso, que se entrena conforme lees, y Germán leía como si no hubiera un mañana. Su amplia cultura general era plasmada en su ironía que generaba de alguna manera una risa sincera.

Germán fue un puma de la UNAM en todo su ser, antes de cualquier cosa el era puma.

Hace poco veía una platica TED que dejare aquí como referencia, en la que se habla de la importancia de una buena conversación, y de como tu nivel de liderazgo se plasma al mantener una conversación con alguien, acción que no cualquiera puede desarrollar por el alto grado de empatía, respeto, paciencia, conocimiento y otros requisitos que se necesitan entre los interlocutores para que esta acción se lleve a cabo. Nunca tuve la fortuna de conversar con Germán, pero los que si lo hicieron platican que ante todo, el era un gran conversador, y al terminar sus conversaciones siempre habías adquirido ya sea un nuevo conocimiento sobre un tema determinado, una excelente anécdota de Germán o ya de menos una experiencia que le platicaras a todos cuantos te encuentres a lo largo de tu vida.

Me toco conocer a Germán hacia el final de su vida por el ya lejano 2010 gracias al programa "Los capitanes" de la cadena ESPN ya que en ese entonces seguía el programa, pero debo decir, que estoy sumamente agradecido, ya que con su ejemplo comprendes mejor la importancia de la cultura en la sociedad, las tradiciones, la familia como algo natural en su infinita humanidad con todo y las situaciones que la rodean, el amor por tus raíces y por la actividad que desarrollas,  la necesidad de una prensa critica y una sociedad informada, entre muchas otras cosas mas, debo decir que aunque no tuve el gusto de conocerlo en persona, lo considero un gran maestro.

 Ahora Germán ya no esta entre nosotros, pero prevalece su legado, un legado que vale la pena preservar y difundir por generaciones.

Como muchas otras cosas hizo colaboraciones con la revista indigo, en donde hablaba de uno de sus más grandes placeres, la lectura. Paso una capsula de sus participaciones en esta revista:


viernes, 17 de julio de 2015

La línea de la sombra

El siguiente texto es un fragmento de "La línea de la sombra" de Josef Teodor Konrad Nalecz-Korzeniowski, polaco de nacimiento; y Joseph Conrad, como británico de toda la vida. Este es uno de los más destacados escritores de la literatura británica y universal. Agradable la compañía de este texto acompañado de un té, al estilo británico.


La línea de la sombra

"Sólo los jóvenes viven tales momentos. No me refiero a los que apenas van a serlo, no; en realidad, éstos no tienen momentos. El privilegio del principio de la juventud es el vivir más allá de sus días, en una espléndida continuidad de optimismo que ignora cualquier interrupción y ensimismamiento.Uno deja tras de sí el umbral de la infancia, y entra en un jardín encantado. Incluso sus sombras tienen un brillo prometedor. Todas las vueltas de camino tienen su atractivo. Y no se debe a que sea un país desconocido, pues uno sabe bien que todo el mundo ha pasado por eso. Es el hechizo de un suceso universal, del que esperamos una sensación singular o personal, una parte de nosotros mismos.Uno avanza con pasión y buen humor, reconociendo las pautas de quienes nos precedieron, aceptando la buena y la mala suerte -las de cal y de arena, como dice el refrán- tal como aparecen, el curioso destino común que ofrece tantas posibilidades para quien las merece, e incluso simplemente para el afortunado. Sí; uno avanza, y el tiempo también marcha, hasta que uno percibe frente a sí una línea de sombra que le advierte la etapa inicial de nuestra juventud que, también, habrá de dejar atrás."




"Le Havre European Basin Sailing Ships at Anchor Sunset" de Eugene Boudin

jueves, 9 de julio de 2015

La última visita del caballero enfermo

Este cuento, escrito por el italiano Giovanni Papini, viene en su obra "El trágico cotidiano"(1906), y que fue incluído por Jorge Luis Borges en su "Libro de sueños" (1976). Grandioso cuento que muestra el estilo meticuloso y sombrío de la majestuosidad del inconsciente humano.
Un cuento que hay que disfrutarlo leyéndolo más de una vez.

La última visita del caballero enfermo

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos.
Era, verdaderamente, un sembrado de espanto. Su presencia daba un color fantástico a las cosas más sencillas; cuando su mano tocaba algún objeto, parecía que éste ingresara al mundo de los sueños. Nadie le preguntó cuál era su enfermedad y por qué no se cuidaba. Vivía andando siempre, sin detenerse, día y noche. Nadie supo nunca dónde estaba su casa, nadie le conoció padres o hermanos. Apareció un día en la ciudad y, después de algunos años, otro día, desapareció.
La víspera de este día, a primer hora de la mañana, cuando apenas el cielo empezaba a iluminarse, vino a despertarme a mi cuarto. Sentí la caricia de su guante sobre mi frente y lo vi ante mí, con la sonrisa que parecía el recuerdo de una sonrisa y los ojos más extraviados que de costumbre. Me di cuenta, a causa del enrojecimiento de los párpados, que había pasado toda la noche velando y que debía haber esperado la aurora con gran ansiedad porque sus manos temblaban y todo su cuerpo parecía presa de fiebre.
-¿Qué le pasa? -le pregunté-. ¿Su enfermedad lo hace sufrir más que otros días?
-¿Mi enfermedad? -respondió-. Usted cree, como todos, que yo tengo una enfermedad? ¿Que se trata de una enfermedad mía? ¿Por qué no decir que yo soy una enfermedad? Nada me pertenece. ¡Pero yo soy de alguien y hay alguien a quien pertenezco.
Estaba acostumbrado a sus extraños discursos y por eso no le contesté. Se acercó a mi cama y me tocó otra vez la frente con su guante.
-No tiene usted ningún rastro de fiebre -continuó diciéndome-, está usted perfectamente sano y tranquilo. Puedo, pues, decirle algo que tal vez lo espantará; puedo decirle quién soy. Escúcheme con atención, se lo ruego, porque tal vez no podré repetirle las mismas cosas y es, sin embargo, necesario que las diga al menos una vez.
Al decir esto se tumbó en un sillón y continuó con voz más alta:
-No soy un hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre con huesos y músculos, un hombre generado por hombres. Yo soy -y quiero decirlo a pesar de que tal vez no quiera creerme- yo no soy más que la figura de un sueño. Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal y trágicamente exacta; ¡yo soy de la misma sustancia de que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña, hay uno que duerme y suena y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que yo digo todo esto. Cuando ese uno empezó a soñarme, yo empecé a existir; cuando se despierte cesaré de existir. Yo soy una imaginación, una creación, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de este uno es tan intenso que me ha hecho visible incluso a los hombres que están despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi verdadera vida es la que discurre lentamente en el alma de mi durmiente creador.
"No se figure que hablo con enigmas o por medio de símbolos. Lo que le digo es la verdad, la sencilla y tremenda verdad.
"Ser el actor de un sueño no es lo que más me atormenta. Hay poetas que han dicho que la vida de los hombres es la sombra de un sueño y hay filósofos que han sugerido que la realidad es una alucinación. En cambio, yo estoy preocupado por otra idea. ¿Quién es el que me sueña? ¿Quién ese uno, ese desconocido ser que me ha hecho surgir de repente y que al despertarse me borrará? ¡Cuántas veces pienso en ese dueño mío que duerme, en ese creador mío! Sus sueños deben de ser tan vivos y tan profundos que pueden proyectar sus imágenes hasta hacerlas aparecer como cosas reales. Tal vez el mundo entero no es más que el producto de un entrecruzarse de sueños de seres semejantes a él. Pero no quiero generalizar. Me basta la tremenda seguridad de ser yo la imaginaria criatura de un vasto soñador?
"¿Quién es? Tal es la pregunta que me agita desde que descubrí la materia en que estoy hecho. Usted comprende la importancia que tiene para mí este problema. De su respuesta depende mi destino. Los personajes de los sueños disfrutan de una libertad bastante amplia y por eso mi vida no está determinada del todo por mi origen sino también por mi albedrío. En los primeros tiempos me espantaba pensar que bastaba la más pequeña cosa para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un rumor, podían precipitarme en la nada. Temblaba a cada momento ante la idea de hacer algo que pudiera ofenderlo, asustarlo, y por lo tanto, despertarlo. Imaginé durante algún tiempo que era una especie de divinidad evangélica y procuré llevar la más virtuosa vida del mundo. En otro momento creí que estaba en el sueño de un sabio y pasé largas noches velando, inclinado sobre los números de las estrellas y las medidas del mundo y la composición de los mortales.
"Finalmente me sentí cansado y humillado al pensar que debía servir de espectáculo a ese dueño desconocido e incognoscible. Comprendí que esta ficción de vida no valía tanta bajeza. Anhelé ardientemente lo que antes me causaba horror, esto es, que despertara. Traté de llenar mi vida con espectáculos horribles, que lo despertaran. Todo lo he intentado para obtener el reposo de la aniquilación, todo lo he puesto en obra para interrumpir esta triste comedia de mi vida aparente, para destruir esta ridícula larva de vida que me hace semejante a los hombres. No dejé de cometer ningún delito, ninguna cosa mala me fue ignorada, ningún terror me hizo retroceder. Me parece que aquel que me sueña no se espanta de lo que hace temblar a los demás hombres. O disfruta con la visión de lo más horrible o no le da importancia y no se asusta. Hasta hoy no he conseguido despertarlo y debo todavía arrastrar esta innoble vida, irreal y servil.
"¿Quién me liberará, pues, de mi soñador? ¿Cuándo despuntará el alba que lo llamará a su trabajo? ¿Cuándo sonará la campana, cuándo cantará el gallo, cuándo gritará la voz que debe despertarlo? Espero hace tiempo mi liberación. Espero con tanto deseo el fin de este sueño, del que soy una parte tan monótona.
"Lo que hago en este momento es la última tentativa. Le digo a mi soñador que yo soy un sueño, quiero que él sueñe que sueña. Esto pasa también a los hombres. ¿No es verdad? ¿No ocurre que se despiertan cuando se dan cuenta de que sueñan? Por esto he venido a verlo y le he hablado y desearía que mi soñador se diese cuenta en este momento de que yo no existo como hombre real y entonces dejaré de existir, hasta como imagen irreal. ¿Cree que lo conseguiré? ¿Cree que a fuerza de repetirlo y de gritarlo despertaré sobresaltado a mi propietario invisible?"
Al pronunciar estas palabras el Caballero Enfermo se quitaba y se ponía el guante de la mano izquierda. Parecía esperar de un momento a otro algo maravilloso y atroz.
-¿Cree usted que miento? -dijo-. ¿Por qué no puedo desaparecer, por qué no tengo libertad para concluir? ¿Soy tal vez parte de un sueño que no acabará nunca? ¿El sueño de un eterno soñador? Consuéleme un poco, sugiérame alguna estratagema, alguna intriga, algún fraude que me suprima. ¿No tiene piedad de este aburrido espectro?
Como yo seguía callado, él me miro y se puso en pie. Me pareció mucho más alto que antes y observé que su piel era un poco diáfana. Se veía que sufría enormemente. Su cuerpo se agitaba, como un animal que trata de escurrirse de una red. La mano enguantada estrechó la mía; fue la última vez. Murmurando algo en voz baja, salió de mi cuarto y sólo uno ha podido verlo desde entonces.

Giovanni Papini


"Forest like a Dream" de Silviu Vlasceanu